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La psicológica cultural estudia cómo las diferentes culturas influyen en el funcionamiento de la inteligencia. Es decir, ¿por qué occidentales y orientales piensan distinto?
 
Esta semana he participado en dos iniciativas que demuestran que la escuela trabaja y busca mejorar: el Congreso Mundial de Educación Educa 2018, celebrado en La Coruña, y las Jornadas de Escuelas que aprenden, organizado por la Fundación Trilema en Madrid. Me gustaría que los lectores de El Confidencial conocieran lo que estamos intentando hacer desde la escuela. En primer lugar, aprender de todo el mundo. Por supuesto, de la neurociencia, pero también de la tecnología, o del mundo de la empresa. En La Coruña, coincidí con Francisco Mora, uno de nuestros más notables neurólogos, y en las Jornadas de Trilema, con Juan Carlos Cubeiro, una de las personas que más saben en España de cómo gestionar el cambio en las empresas. Me pareció una acertada invitación, porque si queremos cambiar el sistema educativo, debemos saber cómo gestionar la transformación. Y las empresas han estudiado profundamente este asunto, porque les iba en ello la supervivencia.

Hoy quisiera hablarles de lo que puede enseñarnos —a todos— una sugestiva rama de la ciencia: la psicológica cultural. Estudia la forma en que las diferentes culturas influyen en el funcionamiento de la inteligencia. Simplificando: ¿por qué occidentales y orientales perciben, piensan y razonan de distinta manera? Ha habido psicólogos que han influido poderosamente en la escuela. Tradicionalmente, Skinner Piaget han ocupado los primeros puestos del 'ranking', pero en los últimos años, en especial desde que su obra se tradujo al inglés y se conoció en Estados Unidos, se ha abierto la era VigotskiLev Vigotski (1896-1934) fue un psicólogo ruso especializado en el desarrollo infantil, que mostró que las funciones intelectuales de nivel superior son productos culturales y no biológicos. La secuencia no es 'una inteligencia que aprende', sino un 'aprendizaje que construye la inteligencia'.

 

"El investigador Robert Flynn mostró que en la mayor parte del mundo había una subida continua de las puntuaciones en los test de cociente intelectual"

 

El aprendizaje —es decir, la memoria— es lo que hace posible el gran desarrollo de la inteligencia, porque permite a cada niño aprovechar las potentes herramientas intelectuales que le proporciona la cultura. La principal es el lenguaje, después la escritura, el lenguaje matemático, los sistemas conceptuales, la notación musical, etc. Las herramientas, sean mentales o físicas, se caracterizan por que amplían nuestras posibilidades. Una grúa nos permite mover grandes pesos. Las matemáticas nos permiten realizar grandes cálculos. El cerebro se amplía con esas ayudas, de la misma manera que un teléfono móvil aumenta sus capacidades con las 'aplicaciones' que le introducimos. En este momento, un estudiante de bachillerato puede resolver problemas matemáticos inabordables para un matemático profesional en la Edad Media. Esto es, a mi juicio, lo que explica el 'efecto Flynn'. El investigador neozelandés Robert Flynn mostró que en la mayor parte del mundo había una subida continua, año por año, de las puntuaciones en los test de cociente intelectual. Es decir, la inteligencia mejoraba continuamente, aunque a distintas velocidades. En Estados Unidos mejoraba tres puntos de cociente intelectual por década, y en Holanda, 10.

 

Vivir en sociedades inteligentes

Cada cultura proporciona herramientas intelectuales más o menos inteligentes. Por ejemplo, una sociedad dogmática y fanatizada ofrece un repertorio muy pobre. Es como si en el plano físico, la única herramienta que ofreciera fuera un martillo. Sin contar con un buen utillaje mental, el pensamiento humano se hace tosco, elemental y, con frecuencia, violento. Por eso nos conviene vivir en sociedades inteligentes. Ya he hablado aquí de que la cultura española sufre en este momento una enfermedad: el síndrome de inmunodeficiencia social adquirida. Es decir, no produce los anticuerpos mentales necesarios para resistir la invasión de la corrupción, la violencia, la insensibilidad, los nacionalismos excluyentes, el desprecio a las humanidades. Se trata de una enfermedad social, para la cual solo existe un remedio: el pensamiento crítico bien informado. Una 'aplicación' del cerebro que hay que aprender.

 

"Nosotros somos los 'cuidadores del futuro' y tenemos que conocer las herramientas que debemos poner a disposición de nuestros alumnos"

 

Otro de los descubrimientos de Vigotski es que la cultura también ha inventado herramientas mentales que permiten dirigir la propia conducta, y que son el fundamento de la autonomía. Uno de los principales hallazgos educativos de los últimos años es la constatación de que el desarrollo de las 'funciones ejecutivas' del cerebro, es decir, de la capacidad de autocontrol, es más importante incluso que los resultados de los test de inteligencia tradicionales para el éxito vital y profesional.

En este momento, la escuela se enfrenta a la aparición de una nueva 'herramienta mental'. Posiblemente la más potente que se haya inventado desde la aparición de la escritura: la tecnología informática, internet y la inteligencia artificial. De la misma manera que las otras grandes herramientas cambiaron la manera de trabajar de nuestro cerebro, esta también lo hará. Pero tenemos que saber cómo lo hace y cómo puede hacerlo. Siempre que aparece una nueva tecnología, surgen los apocalípticos y los utópicos. Sócrates pensaba que la escritura había sido un invento peligroso, porque la gente, pensando que el saber estaba en un libro, dejaría de aprender. Se equivocó. Las nuevas tecnologías no pueden suplantar la inteligencia humana. Esto lo dice todo el mundo, pero a los únicos a los que nos afecta directamente la cuestión es a los profesionales de la educación.

 

 

Nosotros somos los 'cuidadores del futuro', en nombre de la sociedad, y tenemos que conocer las herramientas que debemos poner a disposición de nuestros alumnos. Esta semana está abierta la inscripción de un curso sobre las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías a los niños y niñas en edad escolar. Pueden verlo en www.universidaddepadres.es. No podemos competir con los ordenadores en el manejo de información, porque tenemos un techo de lectura de 600 palabras por minuto, y los ordenadores pueden leer 600 millones de páginas por segundo. Lo que debemos proteger como exclusiva humana es la 'toma de decisiones', si queremos que se haga con arreglo a valores y no solo con arreglo a la información disponible. Esto nos obliga a estudiar qué es lo que hay que aprender para tomar buenas decisiones. Es evidente que incluye manejar adecuadamente la información, pero también disponer de recursos emocionales, éticos y ejecutivos que hagan posible tan difícil y necesaria tarea.

Como homenaje a mi querido amigo Forges, voy a terminar este artículo con una frase en su estilo: “En poco tiempo van a presenciar una profunda revolución pedagógica, proclamo”.
 
 
Artículo extraído de www.elconfidencial.com 

¿Crees que por dejar hablar a la otra persona eres un buen oyente? Puede ser que estés equivocado

 

Descubre cómo convertirte en un mejor oyente para tus interlocutores
Descubre cómo convertirte en un mejor oyente para tus interlocutores
  • En un mundo apresurado y de inmediatez pocos son los que realmente se detienen a escuchar lo que dicen otros.
  • Saber escuchar es una habilidad que puedes desarrollar y que es muy valorada.
  • Es necesario ser un buen oyente para poder ser además un buen comunicador.

¿Cuántas veces has estado conversando con alguien y mientras te están contando algo sientes ese clic de desconexión? ¿Y esas otras ocasiones en que mientras otra persona habla nos dedicamos a pensar en qué responder? O ni siquiera, eso, simplemente dejamos de escuchar porque nos dedicamos a pensar en otra cosa.

Lo cierto es que es habitual que nos tengamos en buena estima como oyentes, pero más cierto es aún que nos equivocamos en la mayoría de los casos.

Ser un buen oyente es una habilidad social cada vez más valorada. Detenerse a escuchar implica calma, tiempo... Algo queno suele sobrar en la actualidad. No, estar pensando sobre lo que nos están contando mientras esa persona está hablando tampoco es saber escuchar. La escucha, o al menos la escucha activa, necesita de toda nuestra atención, dejando los pensamientos y reflexiones para después.

 

Si mantenemos la mente activa mientras escuchamos es posible que perdamos detalles de lo que se nos está contando. Por este motivo hemos decidido ofrecerte algunos consejos para que te conviertas en un buen oyente.

1. Escucha con atención y deja de pensar

Si estar pensando mientras alguien te habla te hace perder el hilo de lo que te están contento debes parar. Seguro que tú mismo te das cuenta de que el hecho de estar pensando te impide captar todo lo que quieren contarte. Tu interlocutor necesita toda tu atención y si no la tiene se dará cuenta, no eres tan bueno disimulando.

2. No malinterpretes

Si lo que estás oyendo no te está pareciendo correcto intenta plantear en la conversación preguntas que te ayuden a confirmar lo que estás pensando. Plantear este tipo de preguntas dejará claro que estás inmerso de lleno en la conversación y que tienes interés en ella.

3. Deshazte de las distracciones

Sí, ya sabemos que es un consejo muy básico pero también es fundamental. Si necesitas tener una conversación en la que poner toda tu atención disminuye cualquier posible distracción externa. Silencia los dispositivos electrónicos, apaga el ordenador... Permitirte distraerte con algo así es una muestra de mala educación con tu interlocutor.

4. Un buen lenguaje corporal es fundamental

Aunque estés en un lugar cómodo no tienes por qué estar tumbado o recostado de forma descuidada. Esta actitud puede hacer que la otra persona se sienta incómoda y que piense que no quieres prestarle atención. Tampoco optes por posturas como cruzar los brazos o mirar hacia otro lado, dará la sensación de que digan lo que digan estás en desacuerdo.

5. Asegúrate de haber entendido lo que te están diciendo

Detente y piensa en lo que te acaban de contar. Ahora coméntalo con tu interlocutor. Quizás hayas malinterpretado algo de lo que te ha dicho pero de esta forma sabrás qué ha podido ser.

6. Escucha y no interrumpas

Sabemos que es otra de las lecciones más básicas de una conversación pero no todo el mundo la respeta. En ocasiones estamos tan centrados en nuestros propios pensamientos y en compartirlos que cometemos este error. Deja que tu interlocutor hable, respeta su turno y cuando finalice plantéale cualquier duda o comparte esa idea que has tenido antes.

7. Ten paciencia

Sabemos que a veces no es fácil prestar toda nuestras atención a otra persona. En ocasiones no nos encontramos en el modo adecuado para ello. En otras simplemente nos falta práctica. Si a la hora de tener una conversación importante crees que no vas a tener suficiente tiempo para dedicarle aplázala. Así podrás enfrentarte a ella de forma mucho más calmada y la otra persona podrá expresarse con calma.

8. Pregunta

Sí, lo importante es que escuches a tu interlocutor pero tambíen debes observar y preguntar. Puede que mientras te estén contando algo la actitud de esa persona cambie o notes algún gesto que llame tu atención. Pregunta acerca de ello para tener una visión más completa de lo que te quiere transmitir.

9. Y si no puedes evitarlo....

Si por algún motivo no puedes resistir dedicando tu completa atención a la otra persona discúlpate. Puede ser un simple lapsus de atención así que lo mejor que puedes hacer es admitir que te has distraído y disculparte antes de retomar la conversación.

 

 

 

Un informe de lectura afirma que en España ya lee el 65% de la población, que compramos una media de 10 libros al año y que no visitamos las bibliotecas, aunque nos gustan mucho.

 

¿Te gusta leer? No. El que decía no era yo y los que preguntaban, comerciales del Círculo de Lectores. Desde los años 90, y hasta un momento indeterminable del siglo XXI, te esperaban a la salida del Metro con sus atriles de cartón y sus marcapáginas, para abordarte con esa pregunta: ¿Te gusta leer? Yo siempre les dije que no, unas veces de palabra, otras moviendo de izquierda a derecha la cabeza y otras moviendo de izquierda a derecha el libro que llevaba en la mano.

Hace tiempo que no me preguntan si me gusta leer, pero a 5.000 personas se lo han preguntado estos días. Gracias a esas 5.000 personas sabemos que en España lee un 65,8% de la población mayor de 14 años. Es decir, no sabemos nada.

 

Informe

La Federación del Gremio de Editores no hacía esta encuesta desde 2012, y cinco años han bastado para que un 2,8% más de españoles crea que lee. Si no se vuelve a hacer esta encuesta en los próximos 50 años, el 100% de los españoles leerá. ¡Ya que preguntas!

A ojo, el 65,8% de los españoles mayores de 14 años son como 25 millones de personas. 25 millones de personas lee un libro al menos cada trimestre. Esto es fácil de comprobar si sale usted ahora a la calle y se da una vuelta durante cuatro o cinco horas hasta que encuentre a alguien leyendo en un banco. Ahí tiene usted 25 millones de españoles.

"En España no leen 25 millones de personas ni aunque pongan la tele dentro de los libros"

Quiere decirse que en España no leen 25 millones de personas ni aunque pongan la tele dentro de los libros. ¡Pregúntenme a mí y les digo cuántos leen! ¿Cuántos leen, cuántos leen, señor Olmos? Ay, les tengo que decir yo todas las verdades.

En España lee un número similar al que compra el libro que más haya vendido nunca. 'Los pilares de la Tierra', 'Los hombres que no amaban a las mujeres', 'Patria'... Pongan, siendo muy generosos, 2 millones de personas. Y en España son lectores el número de personas con que cuentan para ser leídos todos los libros que casi nadie lee y que venden entre 300 y 1500 ejemplares; es decir, en España son lectores entre 6.000 y 10.000 personas. No hagan una encuesta cuando me pueden preguntar a mí, hombre.

 

Orgullo de Castilla y León

Philip Roth estimó en algún sitio y hace ya algunos años que en Estados Unidos quedaban 75.000 lectores. Díganle al viejo Philip que en Estados Unidos leen 200 millones de personas y le verán romperse la cadera voluntariamente.

La encuesta o informe de la Federación del Gremio de Editores dice también que en España se compran de media 10 libros al año. Yo realmente quiero ponerme en la situación de una persona que va por la calle -o a cuya puerta llama un encuestador- y, después decir que le gusta leer, encaja la siguiente pregunta: ¿cuántos libros compra usted al año? ¿Qué va a saber el pobre hombre cuántos libros compra al año?

"Siendo de Segovia, me llena de orgullo que Castilla y León sea la comunidad autónoma que menos libros compra en España"

Imaginen que la pregunta fuera: ¿cuántos taxis toma usted al año? El que casi nunca coge un taxi dirá que 4, 6 o 10 por simple pudor social. Recuerda que llamó a un taxi para ir a un entierro, que es un poco lo mismo que comprar un libro porque te vas de vacaciones, así que entre entierros y vacaciones uno siempre ha hecho algo que casi nunca hace unas diez veces al año. Lo mismo vale para los tríos.

Siendo de Segovia, me llena de orgullo que Castilla y León sea la comunidad autónoma que menos libros compra en España. Apenas 5 al año. Bravo. Un castellano no miente nunca.

 

Razones y Bibliotecas

Porque hay mucha mentira en este informe. Por ejemplo, entre las razones para no leer casi la mitad de los que no lo hacen dicen que es por la falta de tiempo. Hombre, si dedicas cinco horas al día a ver series de televisión, Operación Triunfo o el fútbol, no es que no tengas tiempo de leer, es que prefieres ver series, OT y a Messi. Las explicaciones del no lector las completan cosas como “no me interesa”, “no veo bien las letras” y “prefiero hacer otras cosas con mi ocio”. Lo normal sería que el 100% de los que no leen dijeran que no leen porque no les da la gana. No me parece tan preocupante que el 40% de la población no lea un libro nunca como que el 40% de la población crea que tiene que pedirnos perdón por no hacerlo.

"Casi todos los libros que tomo prestados de la biblioteca están como nuevos, incluso después de 25 años allí metidos"

Finalmente, como usuario número 1 de las bibliotecas de Madrid he encontrado una gran verdad en este barómetro: sólo el 30% de la población ha entrado en una biblioteca a lo largo del año. Nunca entenderé por qué no hay colas para entrar en las bibliotecas, pues son el único sitio del mundo donde puedes encontrar gratis el mismo producto que sigue a la venta en una tienda. Casi todos los libros que tomo prestados de la biblioteca están como nuevos, incluso después de 25 años allí metidos.

El barómetro del gremio de editores, sin embargo, no acaba de entender lo que es un usuario de biblioteca. Valora la frecuencia (semanal, mensual, trimestral) de tus visitas a ella, dando a entender que ir mucho es propio de grandes lectores. Lo cierto es que, si puedes tomar prestados hasta seis libros de una biblioteca, ¿qué necesitad vas a tener de ir allí todos los días? Es exactamente lo contrario: si vas mucho a la biblioteca, no lees.

Yo voy mucho.

 

Artículo extraído de www.elconfidencial.com 

Autor: ALBERTO OLMOS

 

El pacto por la educación no soluciona nada por sí mismo. Es bueno para allanar el camino a una reforma necesaria, pero el verdadero cambio se tiene que dar en las aulas.

 

'Cuadernos de Pedagogía', una prestigiosa revista, me ha pedido un artículo sobre la 'gestión del cambio educativo'. Aún está cocinándose el 'pacto educativo', pero un pacto no arregla nada. Lo único que hace es eliminar los obstáculos para que se pueda mejorar. El siguiente paso es la redacción de una ley de educación, que nos dure al menos una generación. Quienes están ahora en las aulas pueden salir de la escuela habiendo estudiado bajo tres leyes diferentes. Pero una ley, por muy buena que sea, tampoco mejora automáticamente la educación. La educación solo mejora cuando mejora lo que sucede en las aulas. Hace un par de años coincidí en Buenos Aires con dos antiguos ministros de Educación de Argentina, Juan Carlos Tedesco Juan J. Llach. Ambos coincidían en que la ley de educación argentina era muy buena. El problema, decían, es que nunca se ha puesto en práctica. Ambos lo habían intentado, sin conseguirlo. Sin duda, el Estado debe establecer una legislación que proteja el derecho de todos a la educación, que señale losestándares de evaluación, la organización general del sistema, y proporcione la financiación necesaria. Pero el sistema educativo es enorme. Cerca de 700.000 docentes y más de siete millones de alumnos. ¿Cómo se pone todo este sistema en movimiento?

 

El modo de colaborar

La gestión del cambio de sistemas complejos es difícil, lo que ha hecho que cientos de autores se hayan dedicado a estudiarlo. Casi todos se han centrado en el cambio de las empresas, porque son las que más dinero han dedicado al tema. Para ellas, acertar con los procedimientos de mejora adecuados es cuestión de supervivencia. En cambio, los sistemas que importan más al ciudadano —la Administración pública, el sistema educativo y de salud, el sistema judicial— lo han hecho con menos intensidad, porque tienen la certeza de que no van a desaparecer, por lo que cuidar su eficiencia es menos urgente.

 

La organización más compleja, eficiente y flexible que existe: el cerebro humano, compuesto de unos 100.000 millones de neuronas

 

Sobre la gestión del cambio, hay dos puntos de vista muy simplistas. Unos piensan que el cambio debe venir de arriba abajo. Otros, que de abajo arriba. Para aquellos, lo importante es el Boletín Oficial del Estado; para estos, la movilización de las bases. Ninguno de los procedimientos funciona si está aislado. Lo importante es acertar con el modo de colaborar.

 

Gigantesca complejidad

Todo lo que sé sobre sobre el tema lo he aprendido estudiando la organización más compleja, eficiente y flexible que existe: el cerebro humano. Está compuesto de unos 100.000 millones de neuronas, cada una de ellas con un promedio de unos 7.000 enlaces sinápticos, que cambian con el aprendizaje. Según Henry Markham, director del proyecto Blue Brain, la memoria necesaria para simular el cerebro debería tener una capacidad de cómputo de un exaflop, es decir, 10 elevado a 18 operaciones por segundo. Menciono estas cifras, a pesar de que nadie sabe realmente lo que quieren decir, para indicar la gigantesca complejidad, y lo prodigioso que es que un sistema tan distribuido funcione eficientemente.

 

El Gobierno debe marcar los estándares y proporcionar los medios —financieros y legales— para que la comunidad educadora haga su tarea

 

Pues bien, el cerebro humano está organizado en redes que compiten entre sí para conseguir su objetivo principal: dirigir la conducta del organismo. Esas redes son la sede del conocimiento y la fuente de las ideas, sentimientos, deseos, imágenes, esquemas motores. Es lo que se denomina inteligencia computacional o generadora, y es la que realiza el trabajo. Pero nuestro cerebro ha desarrollado un nivel de control de esas ocurrencias, la inteligencia ejecutiva, que depende del crecimiento de los lóbulos frontales, y que funciona como director de orquesta de todas las operaciones mentales. Sus funciones son escasas, pero fundamentales: fija las metas, moviliza a la inteligencia generadora para que haga sus propuestas, las evalúa y las bloquea o las pone en práctica. Hagan un pequeño ejercicio: intenten buscar palabras equívocas, es decir, que tienen dos significados muy diferentes, como 'banco' de sentarse y 'banco' de guardar dinero. Lo único que pueden hacer es dar la orden de búsqueda a su memoria, y esperar que les obedezca.

 

Estándares y medios

Este mismo esquema es aplicable a muchos tipos de organización. La sociedad política es la inteligencia ejecutiva, y la sociedad civil es la inteligencia generadora. Es esta quien debe inventar, producir, actuar, porque es la que tiene la energía y los conocimientos. La tarea del Gobierno —inteligencia ejecutiva— es solo fijar metas generales y promover la actividad generadora.

En el sistema educativo sucede lo mismo. El Gobierno debe marcar los estándares y proporcionar los medios —financieros y legales— para que la comunidad educadora haga su tarea. Debe estimular, movilizar, animar, promover la creatividad, pero dejar que las escuelas funcionen por su cuenta. Aunque no me gusta la palabra, debe 'empoderar' a los agentes educativos. Cada escuela debe ser un poderoso agente de cambio en su entorno.

 

En otros países se cuida de manera exquisita la selección y formación de los líderes educativos, directores o 'principals'

 

Para conseguirlo, tiene que fomentar la aparición de personas expertas en organizar, motivar y decidir, capaces de despertar las energías tal vez dormidas en los profesionales de la enseñanza. Esa es la tarea de los líderes educativos, es decir, de directores y equipos directivos. Una equivocada idea de democracia, y un igualitarismo ingenuo cuando no torpe, ha presionado en España para que el cargo de director de un centro lo ocupe un profesor elegido por sus compañeros. Lo mismo sucedió en el mundo sanitario, que aprendió muchas cosas antes que nosotros. Durante mucho tiempo se pensó que el mejor clínico, o el más popular, podría ser un estupendo director de hospital. Conozco algún caso en que el hospital no se vino abajo porque debe haber un ángel de la guarda de los hospitales. En cambio, en otros países se cuida de manera exquisita la selección y formación de los líderes educativos, directores o 'principals', considerándolos imprescindibles motores del cambio. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en su documento 'Mejorando el liderazgo educativo (2006-2008)', insistía que no se puede hablar de autonomía de los centros, si no se hablaba de quién debía dirigirlos, y no puede haber cambio educativo sin autonomía de los centros. En España, Antonio Bolívar y Beatriz Pont han estudiado cuidadosamente este aspecto. La importancia de los directores es tan grande que en países como Reino Unido o Suecia se han liberalizado los salarios de estos profesionales, hasta el punto de que en Reino Unido la diferencia entre un profesor y un director puede llegar a alcanzar un 180%.

 

Esfuerzo extraordinario

Espero que el 'pacto educativo' acierte en el tema de la gestión. En el 'Libro blanco de la profesión docente', tratamos este asunto porque nos pareció esencial. El cambio educativo tienen que hacerlo quienes ya están dentro del sistema. Debemos reparar el avión mientras está en vuelo, y eso exige de todos sus tripulantes un esfuerzo extraordinario, que solo se podrá conseguir si cuidamos de los intermediarios que deben dirigir la transformación de los centros. Una buena ley sin gestión es inútil, una buena gestión puede producir mejoras, incluso con una mala ley. Véase como ejemplo la diferente calidad de nuestro sistema educativo en las distintas comunidades españolas.

 

Artículo extraído de www.elconfidencial.com 

Gideon, abogado neoyorquino, su nueva vida de padre feliz le superaba. Pero, en lugar de acudir a la consulta del psicoanalista optó por una salida más original: ponerse en manos de Ella Berthoud, una de las gurús, junto con Susan Elderkin, de la biblioterapia. Desde entonces, y hace ya seis años, acude regularmente a Berthoud para que le recete media docena de libros para “recordarle quién es y no sucumbir a las demandas de sus pequeños vástagos”.

No es el único cliente fijo de este servicio que las responsables de The novel cure (Penguin 2013) ofrecen desde 2008. Y las autoras de este vademécum crearán escuela pues en menos de año y medio está previsto que The School of Life de Londres lance el primer título oficial de biblioterapeuta.

Lo que hacen puede que no sea nuevo: reivindicar el poder terapéutico de los libros. Ahí están los médicos recomendando leer a los veteranos de la II Guerra Mundial para hacer más llevaderos sus traumas. O las lecturas como herramienta para trabajar con adolescentes con problemas. No es nuevo pero Elderkin y Berthoud han puesto en circulación el término biblioterapia y el hablar de prescripción, no de recomendación. ¿Eres hipocondríaco? ¿Qué tal Los Miserables, de Victor Hugo? ¿Acabas de romper una relación? Aquí, para hacer borrón y cuenta nueva, Jane Eyre, de Charlotte Brontë. Y si lo que necesitas es ocupar el vacío y encontrar a alguien que comparta tus pasiones, Bel Canto,de Ann Patchett, es justo lo que necesitas.

Pero… ¿qué lleva a estas dos mujeres a seleccionar estos títulos? ¿Pura inspiración? Para nada. Licenciadas en Literatura Inglesa por la Universidad de Cambridge y tras leer mucho, y muchos libros, descubrieron la técnica y por qué puede ser tan relajante leer a Henry James. Allí coincidieron con Alain the Botton, el filósofo detrás de The School of Life, clave para sacar adelante su proyecto de biblioterapia. Los tres comparten lo fundamental: “Las artes y la filosofía pueden acercarnos a esas ideas que harán nuestras vidas más plenas y felices”. 

 

Si te duele la cabeza, ¡Dostoyevski! Tendencias Educación Digital
Elderkin y Berthoud han puesto en circulación el término biblioterapia como prescripción, no recomendación literaria. ¿Eres hipocondríaco? ¿Qué tal Los Miserables, de Victor Hugo?

 

En La cura de la novela las autoras ofrecen un recopilatorio de aquellos títulos más terapéuticos y “potencialmente transformadores” basándose tanto en sus experiencias vitales como en su formación. Así Elderkin, en un momento personal convulso —se muda a EE. UU., fallece su padre, es madre— redescubre El llanto por la tierra amada, de Alan Paton, que le ayuda a sonreír, o Alguien voló sobre el nido del cuco, con el que logra relajarse al final del día y recuerda la importancia de hacer la vida de los que nos rodean un poco mejor.

MEDICINA, NO HOMEOPATÍA

Atento lector, no busques en esta lista un manual de autoayuda. Las autoras cuentan con el aval de distintos estudios sobre los beneficios de leer como los que recientemente han demostrado que la saga Harry Potter puede hacer a los adolescentes más abiertos con distintas minorías (The Journal of Applied Social Psycologhy, 2014) o que la literatura de ficción aumenta nuestra empatía (Science, 2013). También la neurociencia ha reflejado empíricamente la intensa actividad cerebral que se produce en el área frontal izquierda del cerebro cuando se lee poesía. La ciencia constata algo que ya sabíamos los ávidos lectores. Una pasión que bien orientada a través de su terapia, en palabras de las dos expertas, podría hacernos menos adictos a las drogas, legales o no. Como muestra, Elderkin señala Sostiene Pereira,de Antonio Tabucchi: nos apartará de la comida como modo enfermizo de paliar la frustración. También, la anónima Pregúntale a Alicia es “altamente efectiva para apartar a los adolescentes de las adicciones”. 

 

“Las artes y la filosofía pueden acercarnos a esas ideas que harán nuestras vidas más plenas y felices”.

 

¿Y EN ESPAÑA?

De momento, el servicio presencial de biblioterapia solo está disponible en los 11 países en los que The School of Life tiene sede. Pero ya se sabe que la tecnología diluye las distancias y cualquiera puede solicitar una sesión con Elderkin o Berthoud vía Skype.

En nuestro país, aunque la versión oficial está por explotar, algunas experiencias emulan la filosofía que sus promotoras sostienen. Es el caso de la agenda de la editorial Errata Naturae: Anoche, un libro me salvó la vida. Su autor, el editor Rubén Hernández, explica que buscaba “darle una vuelta” a las típicas listas con los libros que todo lector debe haber leído antes de morir. Su propuesta, 52 títulos, uno por semana, inspirados en su experiencia como lector. Hernández no niega el carácter salvífico de la literatura: “Aunque un libro en términos reales no te salva, en términos metafóricos te ayuda a ser mejor, a establecer una relación más fructífera con la existencia”. Para él, un buen librero es “aquel que sabe entenderte, recomendarte lo que te hace sentir bien… y que, si cambia de librería, se lleva a su cartera de clientes, como un buen ejecutivo”.

Así que, a la espera de que los primeros titulados en biblioterapia se establezcan en España, no hay excusa. Deposita tu confianza en ese librero que, cual barman, terapeuta o masajista dispensará el bálsamo que necesitas según atravieses la puerta de su local.

 
 
Biblioterapia en Tendencias Telefónica Educación Digital 
En 'La cura de la novela' las autoras ofrecen un recopilatorio de aquellos títulos más terapéuticos y potencialmente transformadores basándose tanto en sus experiencias vitales como en su formación.
 
 
 
 
Artículo extraído de www.telefonicaeducaciondigital.com 
 
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